Nuestro paisaje cultural de la vid y el vino: Historia

Aunque la tradición vitivinícola en la región se remonta 2.500 años atrás, como ha quedado documentado en diferentes hallazgos arqueológicos (como los lagares de “Las Pilillas”), es desde hace unos 200 años cuando los viñedos han cobrado una mayor importancia, en detrimento del cultivo de cereal. En la actualidad, el cultivo de la vid alcanza casi el carácter de monocultivo, pues cubre una superficie próxima a las 45.000 ha, ocupando por lo general los sectores más llanos. Otros cultivos que encontramos en la región son: el almendro (13.000 ha), el cual se concentra principalmente en los bordes de las alineaciones montañosas; los cereales (unas 4.000 ha.) y el olivo (3.000 ha).

La ubicación, forma y distribución de las parcelas de viñedo sobre los diferentes ambientes que estructuran la región ha originado una amplia diversidad de paisajes vitivinícolas, los cuales podríamos agrupar y clasificar en los siguientes tipos: Viñedos en llanura, viñedos en fondo de valle, viñedos de montaña, y mosaico agroforestal de viñedos y pinares.

La colonización vitícola del territorio dio lugar a la aparición de numerosas casas de labor y caseríos y al desarrollo demográfico de las aldeas ya existentes, que antes subsistían del cultivo del cereal y la ganadería. Encontramos también diseminado por todo el territorio un conjunto de elementos relacionados con la práctica de la viticultura, como bodegas y diversas construcciones de piedra en seco, como hormas.
 


  • Casa de labor (Cerro de la Peladilla)
    Casa de labor (Cerro de la Peladilla)
  • Horma (Camino de los Ruices)
    Horma (Camino de los Ruices)