Nuestro paisaje cultural de la vid y el vino

Aunque la tradición vitivinícola en la región se remonta 2.500 años atrás, como ha quedado documentado en diferentes hallazgos arqueológicos (como los lagares de “Las Pilillas”), es desde hace unos 200 años cuando los viñedos han cobrado una mayor importancia, en detrimento del cultivo de cereal. En la actualidad, el cultivo de la vid alcanza casi el carácter de monocultivo, pues cubre una superficie próxima a las 45.000 ha, ocupando por lo general los sectores más llanos. Otros cultivos que encontramos en la región son: el almendro (13.000 ha), el cual se concentra principalmente en los bordes de las alineaciones montañosas; los cereales (unas 4.000 ha.) y el olivo (3.000 ha).

La ubicación, forma y distribución de las parcelas de viñedo sobre los diferentes ambientes que estructuran la región ha originado una amplia diversidad de paisajes vitivinícolas, los cuales podríamos agrupar y clasificar en los siguientes tipos: Viñedos en llanura, viñedos en fondo de valle, viñedos de montaña, y mosaico agroforestal de viñedos y pinares.

La colonización vitícola del territorio dio lugar a la aparición de numerosas casas de labor y caseríos y al desarrollo demográfico de las aldeas ya existentes, que antes subsistían del cultivo del cereal y la ganadería. Encontramos también diseminado por todo el territorio un conjunto de elementos relacionados con la práctica de la viticultura, como bodegas y diversas construcciones de piedra en seco, como hormas.

Se entiende por paisaje cultural el resultado de la acción del desarrollo de actividades humanas en un territorio concreto, cuyos componentes identificativos son:

-El sustrato natural (orografía, suelo, vegetación, agua)

-Acción humana: modificación y/o alteración de los elementos naturales y construcciones para una finalidad concreta

-Actividad desarrollada (componente funcional en relación con la economía, formas de vida, creencias, cultura...)

El paisaje cultural es, por tanto, una realidad compleja, integrada por componentes naturales y culturales, tangibles e intangibles, cuya combinación configura el carácter que lo identifica como tal.

(Convención del Patrimonio Mundial de la UNESCO, 1972)


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